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martes, 9 de julio de 2019

MIS SINTOMAS


Mi ecografía del Lunes pasado fue muy bien. Llegamos con muchísimo miedo, es algo inevitable, y lo primero que hice cuando me senté fue echarme a llorar y decirle al doctor Millet que estaba siendo muy difícil para mí ese día. Fue en esta ecografía donde justo nos comunicaron nuestro primer aborto diferido, y recuerdo aquella situación como de las peores de mi vida. El doctor Millet lo hizo súper bien, la verdad, nos intentó tranquilizar y me pidió pasar a la camilla antes que nada para salir de dudas y despejar tantos miedos. No tardó ni 5 segundos en decir que todo estaba bien y que podíamos respirar tranquilos, y ahí ya sí que exploté, entre los nervios, la felicidad y el alivio, y me puse a llorar como una magdalena. Allí estaba mi bebé, de 3’7cm, súper bien, súper pequeñito y bien cogidito, pancita para arriba y con los bracitos y piernitas estiradas como si fuera un perrito esperando que le rasquen la panza. Millet dijo que se le notaban hasta los huesos de la cara. Por desagracia, no tengo ninguna foto de la ecografía, casi mato a Goku cuando salimos de la consulta, porque él jura y perjura que hizo fotos, pero debió de ponerse tan nervioso que no sacó ninguna (a saber a qué botones le estaría dando…). Y es que en esta Clínica no te imprimen nada, el doctor dice que prefiere que usemos la tecnología y grabemos o saquemos tantas fotos como queramos con nuestros móviles. Y así debería haber sido, pero mira, mi marido estaba tan emocionado y llorando a moco tendido y el pobre no atinó a sacar ninguna.

Me volvió a hacer un montón de volantes y analíticas, y nos habló del “test prenatal no invasivo” para que nos pensáramos si nos lo queríamos hacer. No el que se hace por protocolo, si no una ampliación de esta prueba, que cuesta 500 euros pero que es mucho más fiable. Nosotros no tenemos ninguna duda, nos lo hacemos. Llegados a este punto de nuestra búsqueda de embarazo, el dinero ha empezado a importar muy poco, aunque tengamos que ir arruinándonos en el proceso. Nuestra tranquilidad ya no tiene precio. Además, así podremos saber antes el sexo del bebé!. El Jueves día 11 tenemos que hacernos esta prueba, junto con otra analítica de orina (porque en la anterior que me hice salían algunas bacterias y he estado tomando “Monurol” y hay que controlar), y lo más importante, la Ecografía Doppler de la semana 12, que es la más relevante del primer trimestre, y donde se le hacen una serie de mediciones al bebé para confirmar que está desarrollándose como corresponde. Y me recomendó seguir con el reposo relativo, seguramente para todo el resto del embarazo, dado mi historial de abortos.

Poquito a poco, voy sintiéndome un pelín más embarazada, vamos sumando días y vamos superando pruebas. En cuestión de muy poco tiempo, se me ha inflado la tripa que no veas, sobre todo por las tardes-noches que es cuando más lo noto, y parece que ya esté de 4 meses por lo menos!. Luego durante el día un poco menos. Y sobre síntomas, pues tengo días de todo tipo, algunos malillos donde el estómago lo noto revuelto y no puedo con mi alma, y hasta me cuesta respirar con normalidad. Y otros donde podría pensar perfectamente que no estoy embarazada, porque no noto nada físicamente significativo, ninguna alteración, y eso siempre me angustia un poquillo. Imagino que conforme vaya teniendo más tripilla me podré hacer más consciente de lo que estamos viviendo. A día de hoy, me sigue pareciendo un sueño la mayor parte del tiempo, algo imposible, irreal y lejano.

Otros síntomas que han estado apareciendo estos últimos días y que antes no tenía, son los dolores de cabeza, y una sensación rara en el cuerpo, como de tener la tensión muy, muy baja. Mi teoría es que la retirada de las hormonas (estrógenos y progesterona) no me está sentando muy bien. El día 5 de Julio fue el último día que tomé esta medicación y la retirada la hice de golpe. Tuve que preguntar varias veces para asegurarme y quedarme tranquila de que no iba a afectar al bebé. También me han empezado a salir algunos granitos pequeños en la cara. Entiendo que una medicación que de normal tiene tantos efectos secundarios, es lógico que cuando se retira, el cuerpo lo note bastante, pero no sé por qué yo pensaba que iba a ser para mejor.

En fin, nuestro siguiente paso es la Doppler del Jueves. Ni qué decir tiene, que estamos híper acojonados, como siempre que vamos a una consulta. El otro día leí en Instagram a una chica que se había encontrado con un aborto diferido en esa ecografía, y se me vino el alma a los pies. Casi compulsivamente empecé a leer su historia, como buscando indicios que confirmaran que  éramos muy diferentes, y que nuestros casos no tenían nada que ver. Y menos mal que así fue. Era su primera vez, su primer aborto, y con una historia clínica mucho más escasa que la mía, a falta de hacerse todavía un montón de pruebas. Yo me voy repitiendo como un mantra a mí misma, que ahora todo es diferente a mis otros abortos, que hemos avanzado mucho, que ya hemos arreglado el problema principal (la sinequia uterina), que llevo otros tratamientos que en aquellos momentos no llevaba, que hoy estoy más controlada, que hasta ahora no hay ningún indicativo de que la cosa pueda ir mal, ni si quiera tengo mínimas complicaciones, y todas las analíticas me están saliendo a la perfección. Esa es mi mente racional casi todo el tiempo, pero tengo que forzarla mucho, porque mi tendencia es a asustarme y pensar que no puedo relajarme y hacer como si todo fuese a salir bien con tanta facilidad, porque nunca se sabe y ya me he llevado otras sorpresas en el pasado.